← Todas las conversaciones

Minimalismo con carácter. Mi lenguaje visual


¿Cómo llegó al minimalismo en su obra?

Empezaré diciendo que el minimalismo me atrae precisamente en el arte visual, no en la decoración de interiores. En interiorismo, creo que también es hermoso, pero absolutamente inadecuado para vivir: a mí, al contrario, me gusta llenar mis espacios con todo tipo de cosas. Pero en el arte visual veo que, a través de una experiencia múltiple, uno llega a la impecabilidad, a una precisión suprema, y todo esto se construye sobre un alto profesionalismo, que es lo mismo que maestría.

Es como en las artes marciales japonesas, en las películas sobre maestros de la espada: con un solo trazo de pincel reflejas la energía que existe en ti en ese instante, y depositas en ese trazo cierta información. Pero hay tantos lenguajes como personas. La Torre de Babel, una multitud de culturas y naciones en el planeta. Cada uno habla con su propio carácter y su propio lenguaje, y no digo que el minimalismo sea el único lenguaje válido en el arte. Simplemente, por temperamento, me resulta muy cercano.

El arte de la caligrafía, el arte de la precisión, el arte del sentido: por un lado, lleva consigo un código, ni siquiera un mensaje, sino una especie de cifra. Me gusta cuando en un interior hay muchos de esos trazos de pincel; a mí misma me gusta reunir artistas que crean efectos visuales de esa manera, tanto en pintura como en gráfica. Para mí está cargado de sentido, pero la belleza, por supuesto, está en el ojo del que mira, y como hay muchas naciones y lenguas, no creo que todo deba reducirse al minimalismo. Pero para mí la impecabilidad, la precisión, la maestría, el profesionalismo son sinónimos del minimalismo. Es un camino hacia el estilo propio: trato de dar pocos toques, pero certeros. Por eso tengo mucho descarte, en todo: en fotografía, en cerámica, en metal. Simplemente, algunas cosas me hablan y otras no.

¿Qué significa el minimalismo con carácter?

El minimalismo, en mi opinión, no puede existir sin carácter, porque es la quintaesencia de la maestría. Cuando sigues tu propio camino, se te forma un rostro propio, reconocible. Y como a mí me gusta la precisión, esa precisión tiene su propio rostro y su propio carácter.

¿Por qué precisamente el negro, el blanco, el dorado y el rojo?

Bueno, ¿puede usted explicar por qué le gustan las morenas? ¿Y ese chico podrá explicar por qué le gustan las rubias? Yo lo veo así, soy artista, resueno con ciertas cosas. Me gusta cuando en el arte bidimensional aparecen el negro, el blanco, el rojo, el dorado. Y mi quinto color favorito es el color piel, el color del cuerpo.

Lo uso a menudo como base, trabajando como si fuera sobre la piel, sobre el cuerpo, pero no como si fuera piel de elefante, sino dibujando literalmente sobre el cuerpo, sobre la esencia misma, porque para mí lo que está arriba es también lo que está abajo. Por supuesto, hay casos y mezclas de todo tipo, pero quiero creer que el alma se refleja en el cuerpo, y el cuerpo, en el alma.

¿Cómo evitar el aburrimiento en el arte minimalista?

Aquí quiero volver a la conversación sobre las distintas naciones y los distintos lenguajes. Supongamos que ahora estoy en China, todos a mi alrededor hablan chino, y yo no entiendo nada. Supongo que el lenguaje del arte minimalista tampoco es para todos, sino para las personas que resuenan precisamente con él.

Yo creo arte muy variado, no solo minimalista, pero cada vez me inclino más hacia él, porque de verdad amo ese arte en el que importa la precisión del toque. Los últimos dos años viajé en residencias creativas a la Casa de los Escultores de Rusia, que lleva el nombre de Dmitri Kordovski, en Pereslavl-Zalesski. Allí hay un modelo vivo frente a mí, y yo modelo directamente en arcilla, sin moldes: una obra única que exige muchas horas de trabajo. Es una escultura absolutamente realista que luego cuezo y pinto ya con mis toques minimalistas.

Pero mi respuesta principal a esta pregunta es la siguiente: los chinos hablan chino, los ingleses hablan inglés, los filipinos hablan filipino, los rusos hablan ruso, los húngaros hablan húngaro. No se trata de aburrimiento, sino de que el lenguaje del arte es para quienes lo hablan. Y el secreto de la expresividad, para mí, es la unión de lo interior y lo exterior. Cuando dibujas, en el fondo dibuja tu alma, y ese código, esa carga de energía que vuelcas a través del material, libra al proceso del aburrimiento, tanto para ti como para el espectador, que recibe algo que muchas veces ni él mismo puede explicar. Y si el arte está vacío, sin inspiración ni tensión interior, pues bueno, disculpen, también pasa. Hay diamantes, pero también mucho vidrio. No hay nada que hacer.

¿Influye el minimalismo inglés en su estilo?

Mudarme a Occidente, en efecto, influyó muchísimo en mi arte: se volvió menos laborioso. Pero pondré el mismo ejemplo de las residencias en la casa creativa de Kordovski en Pereslavl-Zalesski: hay una mujer o un hombre real frente a mí, y yo los copio. Minimalismo o no minimalismo, eso ya se decide cuando pinto la figura terminada; o, por ejemplo, varias veces hice esculturas grandes absolutamente realistas y luego simplemente las destruí. Y fue precisamente en el proceso de destrucción, de superar la forma y el material, que nacía algo propio: en apariencia seguía siendo la misma figura, pero había algo más. Son, en fin, sensaciones puramente mías.

A esa valentía de ser yo misma también me ayudó a llegar la experiencia de vivir en Occidente. Allí hay muchísimos artistas realistas excelentes, aunque ahora en todo el mundo se nota una tendencia cada vez mayor a simplemente imprimir contornos y colorearlos. Es parecido a cómo la escultura ha pasado del modelado manual de formas al escaneo: se escanean los objetos tridimensionales y luego se imprimen en cualquier material mediante una impresora. Contiene el mismo trabajo que el de un formador, solo que a través de nuevas tecnologías.

Y aquí pasa lo mismo: muchas cosas cambiaron, pero cuando estoy entre colegas, por ejemplo en Rusia, también hago con tranquilidad arte realista, y solo después me suelto en la pintura. Creo que la experiencia enriquece. Ni siquiera sé cómo ocurre, pero viajar y contemplar otros mundos enriquece, de eso estoy segura. En esencia, otras naciones son como otras dimensiones: por un lado, todos somos humanos, pero por otro, existe una enorme diferencia cultural y psicológica. Y al observarla, de algún modo inexplicable, evolucionas.

¿Cómo decide qué quitar y qué dejar?

Yo no decido nada; quizá aquí la diferencia está en que la pregunta la hace un hombre y la responde una mujer. Esto viene de las entrañas, de la intuición. Tengo un talento especial: soy artista de principio a fin, simplemente sé cómo debe ser. No es una reflexión. Yo no decido nada, sé que necesito esto, esto y aquello. Y listo, acertado.

Como muestran las investigaciones contemporáneas, el camino masculino y el femenino son distintos, pero al final dan el mismo resultado. No sé cómo comprenden los hombres, pero incluso en su pregunta —¿cómo decide?— le responderé: yo no decido, simplemente siento que hay que hacerlo así, y sé que si lo hago de otra manera, saldrá mal. El pez busca dónde hay más profundidad, el ser humano busca donde está mejor: yo sé qué es mejor para mí, y lo elijo no porque haya decidido algo, sino porque lo sé. Aunque, claro, no siempre sale bien.

¿Hay obras en las que se alejó del minimalismo?

Por supuesto. Ya hablé de las residencias en Pereslavl: allí todos modelan escultura realista, y yo también. Pero modelamos del natural juntos, y cada uno termina en su propio taller. Aunque, sinceramente, en el último año incluso en esas residencias empecé a hacer escultura no realista. Trato de partir de mi propia sensación: miro y quiero, supongamos, hacer unas piernas hipervelludas, como las de un animal.

Con la edad me resulta cada vez más difícil que el entorno me condicione. Sí, me influye, pero cada vez menos. Me interesa más ser yo misma, y quizá ahí esté el camino del artista: enfocarse en los propios deseos. Ese es también el camino femenino hacia una vida saludable: si una mujer no satisface sus propios deseos, ese es el camino hacia una profunda enfermedad. Cada gata sabe qué hierba comer para curarse. Esos deseos son como pedales femeninos: quiero, no quiero, quiero, no quiero; y lo más gracioso es que al final de la jornada de trabajo obtengo el mismo resultado que un hombre. Simplemente las herramientas son completamente distintas, inexplicables desde el punto de vista de la lógica.

Cada obra se define a sí misma. Si estás en sociedad con la idea, con el pensamiento, con la sensación, si escuchas cómo quiere realizarse, se realiza maravillosamente, y tú simplemente sigues sus deseos. Una mano lava a la otra, y juntas salen con una obra hermosa. En esencia, yo le doy alma a la idea que llega a mí o a otro artista sincero, a quien escucha su corazón, su alma, su cosmos interior. Así es como funciona.

¿Cómo funciona el minimalismo en distintos materiales?

Quiero volver a lo que dije al principio: esa precisión, esa impecabilidad, es el minimalismo, incluso si algunas ideas requieren otros estilos; para mí, lo interpreto como minimalismo porque refleja con exactitud los deseos de una idea concreta, de un estado concreto que estoy viviendo en ese momento. Quizá ahí esté el minimalismo: en la precisión de reflejar lo que llega a ti, lo que desciende sobre ti.

Revelas la idea a través de tu conciencia, tu cuerpo, tus manos, tu fantasía. Y en esa simbiosis de revelación a través de tu existencia física surgen diferentes obras de arte estupendas, que florecen en distintos materiales. Es la precisión de la expresión y de la autoexpresión. No en vano, quizá, los íconos no se firmaban, aunque conocemos a grandes iconógrafos, porque eso es una fusión de ti con lo trascendente, con lo superior, con lo otro. No eres solo tú, es una simbiosis, y tú eres un instrumento maravilloso.

Y tienes el derecho de cambiar esa idea, de recortarla: así como llega y te da un impulso, así la recreas tú a través de la fusión con diferentes materiales físicos. La idea deja de ser puro éter y se vuelve material. En esto veo una gran misión del artista: cristaliza el mundo de lo inconsciente, del cosmos desconocido, y lo materializa en nuestra vida cotidiana. Es, en esencia, como un mago.