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Servicio al arte: por qué la creatividad es más importante que el marketing


¿Qué significa para usted el servicio al arte?

Es una misión. Cuando una persona tiene un sentido en la vida, tiene una misión, se siente necesaria, realizada, amada, buscada; detrás de las palabras «servicio» y «misión» hay un mundo entero. Para mí es servir a la verdad. Es mi carácter personal, me gusta la verdad. Como hay belleza en mí, veo la belleza —lo semejante atrae a lo semejante, la belleza está en los ojos de quien mira—. Es decir, sirvo a la verdad. Lo siento, lo veo, y no siento que sirva a un arte etéreo y ajeno, sino que de hecho sirvo a la verdad, porque yo misma soy arte.

Recuerdo a Marina Abramović: tenía una de sus primeras videoinstalaciones donde se peinaba el cabello sin parar, y decía: «Art must be beautiful, artist must be beautiful» —el arte debe ser hermoso, el artista debe ser hermoso—. Marina Abramović tiene instalaciones geniales, es realmente una reina, una eminencia del arte contemporáneo. Quizá no esté del todo de acuerdo con todas sus ideas, pero vivimos en un mundo materialista, y quien paga, elige la música. Igual que Ai Weiwei, Marina Abramović sirve a un mensaje determinado, y eso implica mucho dinero, grandes plataformas. Y gracias a Dios, sin duda es un genio, un gran talento.

Y yo, en esencia, sirvo a la verdad, porque yo misma soy arte y lo vivo dentro de mí, sobre mí, y lo veo bien en los demás.

¿Por qué la creatividad es más importante que el marketing?

Simplemente creo que en la vida no se puede llegar a todo. El día tiene 24 horas, la semana 7 días, el año 365 días. Y quiero lograr expresar todo, o al menos el máximo posible. Dedico tiempo a esto como quien toca con los diez dedos y no con uno solo. Yo, como cualquier persona, desempeño muchos papeles. Pero la creación es algo tan íntimo, tan personal… ¿Le importa a usted su vida íntima? Pues aquí pasa lo mismo. Son mis vivencias personales. Y precisamente porque es algo personal, es muy importante para mí.

¿Cómo encuentra el equilibrio entre crear y promocionar?

Vivimos en un mundo materialista, y hay que entender dónde estamos. Hace un par de días, un viejo amigo —que ya tiene muchos años— me dijo: «Sveta, he entendido algo a lo largo de mi vida: la vida es como andar en bicicleta. Mientras pedaleas, avanzas. Si dejas de pedalear, te caes».

En cuanto al equilibrio, mis recetas no le servirán, porque las mujeres y los hombres tienen recetas distintas, sentidos distintos, vidas distintas. Para mí esto es la teoría y práctica de los deseos: si quiero, lo hago; si no quiero, no lo hago. Ese es todo el equilibrio. Pero, como bien señaló usted, yo misma le doy prioridad a la creación de obras, así que ocupa incomparablemente más tiempo en mi vida personal.

Al mismo tiempo, invito a todos a ser conscientes de dónde estamos. La pirámide de Maslow: el mundo físico, la supervivencia, la alimentación, son cosas básicas, y tienen prioridad sobre muchas otras que deben construirse sobre la base de que puedas mantenerte, o que alguien te mantenga de alguna manera milagrosa. Hay que ser consciente de dónde estás, con quién estás. Esa es la solución práctica: no empecinarse en algo solo porque en ese momento así se quiere. Existe una realidad objetiva, y siempre hay que tenerla presente, también en las prioridades.

¿Hubo momentos en que el marketing estorbó a la creación?

Los hubo. Y quizá por eso el marketing no ha ocupado mucho espacio en mi vida, o tal vez no ha ocupado ninguno, porque me distrae muchísimo. Me gusta concentrarme en mí misma y en mi obra, para transmitir con la mayor verdad posible las imágenes que veo en mí, sobre mí, debajo de mí, en mi mundo creativo, en mi propio canal.

¿Cómo les explica su postura a los galeristas?

Pues mal. Como a muchos artistas, me resulta difícil. Desgraciadamente hay muchos fallos y desventajas por razones muy diversas. Mientras vamos en la misma dirección, nos comunicamos. En cuanto aparecen asperezas, surge la situación: artistas hay millones, y galeristas cientos de veces menos. Quizá miles, o decenas de miles de veces menos. Con esa selección hay sus matices, coincidencias y trucos. Tal vez no sea mi punto fuerte, por eso me cuesta incluso responder con detalle a esta pregunta.

¿Qué pierde al no hacer marketing activo?

Pierdo audiencia, pierdo popularidad, pierdo espectadores, pierdo la energía que el espectador podría inyectarme a mí y a mi vida, y en consecuencia, a mi obra. No hacer marketing es una gran desventaja, porque genera un desequilibrio. Si inviertes mucho en la creación, deberían llegarte retornos. Y si no haces marketing, ¿cómo te van a encontrar esos retornos?

¿Cómo ha cambiado internet la necesidad de hacer marketing?

La vida moderna avanza hacia las tecnologías modernas. Si quieres andar en bicicleta sin caerte, hay que ir al ritmo de los tiempos, hay que pedalear. En este caso, pedalear en internet. No hay nada que hacer, esa es la realidad de hoy.

O lo haces tú mismo, o —como ocurre muy a menudo en las parejas creativas— lo hace tu pareja. No hay que ir muy lejos: Dostoievski se casó con su secretaria. Las personas que te promocionan de una u otra manera, impulsan tu arte hacia adelante. Ya sea que tú mismo te muevas en internet, o que alguien te mueva —un galerista, un novio, una novia, no importa—. Pero hay que hacerlo.

¿Cuál es el mínimo de promoción que necesita un artista?

Todo está como escrito de antemano. Antes se necesitaba una página web. Ahora, habiéndome familiarizado mejor con internet, también entiendo que la web es necesaria, aunque en cierta etapa, por seguir la moda de las redes sociales, la dejé por completo. Pero tras cierta experiencia, comprendí: la web es necesaria. Instagram es necesario, esas plataformas que ofrecen lo visual.

Si hablamos del mínimo de promoción para un artista, deben ser plataformas concretas, no son tantas. Habrá unas cinco principales, dos o tres más, por decir algo, donde ya entran productos nuevos y especiales, como los NFT: OpenSea, la creación de una billetera cripto. Hay otras plataformas más cerradas, donde están los compradores exclusivos, a diferencia de OpenSea, donde los compradores son masivos. Con la fotografía pasa algo parecido: plataformas específicas para el arte fotográfico, otras para el arte digital-NFT, que puede crearse por sí mismo, como una escultura separada del arte bidimensional, o puede ser desde el inicio digital, sin ninguna relación con el dibujo, el arte clásico, las escuelas, etcétera.

Pero lo fundamental: la web, Instagram. Instagram es muy importante. Hay muchas otras: en muchos países YouTube está muy desarrollado. Yo diría que Instagram, YouTube y la web son como tres apóstoles. Como en la idea de Dios —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—, así aquí: la web, Instagram y YouTube.

Pero, por ejemplo, en Rusia Telegram está muy desarrollado; muchos crean sus canales allí. En Europa, Pinterest. Y además productos específicos, como el arte digital: muchas de mis esculturas y obras gráficas las convierto en NFT. Hay plataformas de foto para el comprador masivo a precio accesible, y otras más exclusivas, por mucho dinero. Cada profesión tiene su propia especialización interna. Pero el mínimo es: web, YouTube, Instagram; son como las plataformas troncales.

En Rusia, actualmente, bajo las sanciones, no hay YouTube ni Instagram, pero sí hay web. Yo, por ejemplo, creé además un canal de Telegram, donde publico pequeños videos: reseñas de obras nuevas o conversaciones interesantes con colegas.

En distintos países hay distintos enfoques para la difusión por internet del arte visual.

¿Cambiará su actitud hacia el marketing en el futuro?

Por supuesto que cambiará. La evolución es inevitable, y yo lo deseo mucho. Porque, ¿de qué otra manera llegaría al espectador, cómo me comunicaría con él a través del intercambio de energía? Cuantas más personas vean mi arte… Si yo creo en mi arte, si resuena con el espectador, si la marca K-Liée resuena con el consumidor, eso es un intercambio, energético y financiero. Vivo con esta idea y la hago realidad, en el sentido de mejorar, de elevar la calidad, de ampliar mi marketing en el futuro. Ese es el camino hacia la evolución.